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Seguimiento del paso de este populista antes de las elecciones en México, los complós y demas sueños guajiros.


Populismo... ¿Retroceso o esperanza? Luis Pazos

POPULISMO ¿RETROCESO O ESPERANZA? POR LUIS PAZOS

¿QUIÉNES SON LOS POPULISTAS?

Al tener una connotación negativa el término, a ningún gobierno le agrada que lo califiquen de populista, por ello es necesario identificar sus principales rasgos, pues todavía no hay criterios claros sobre ellos entre los estudiosos de los fenómenos sociales.

Los populistas hablan de que aplican una economía distributiva. Ponen énfasis en la distribución de la riqueza, no en su creación. Ahora se presentan como alternativa al neoliberalismo y consideran a la búsqueda de finanzas públicas sanas y equilibradas como parte del neoliberalismo.

Un populista gasta sin importarle la ausencia de ingresos para sostener sus egresos.

Sus acciones las justifican con la bandera de la lucha contra la pobreza. Apoyan sus decisiones en consultas públicas y manifestaciones. Si tienen suficiente poder reforman leyes para adaptarlas a sus políticas, como Chávez en Venezuela.


¿DÓNDE FLORECE EL POPULISMO?

El populismo es una modalidad que puede darse en tiranías, las oligarquías y las demagogias.

Y aunque desde los romanos ya había populistas, es hasta el siglo pasado cuando se identifica como una alternativa política clara al populismo.

El populismo puede darse en gobiernos etiquetados de derecha, de izquierda, civiles y militares, en dictaduras o en democracias. Casi todos los gobernantes practican en un u otra forma medidas populistas, pero el populismo, estrictamente hablando, es cuando esas medidas se convierten en el programa fundamental y cotidiano de un gobierno.

El populismo lo podemos definir como el sistema de gobierno cuyo objetivo fundamental es alcanzar o mantener la aceptación de la mayoría de los ciudadanos mediante medidas sociales y económicas que les otorgan ayudas en dinero o especie, privilegios o cualquier otra dádiva que implique un gasto para el Estado.

Las medidas populistas se centran en el reparto de artículos y servicios gratuitos a los que menos tienen, con el objetivo de asegurar su apoyo o su voto, en el caso de las democracias, sin importar de dónde provengan los recursos para sustentar esas acciones.

La mayoría de las medidas populistas implican una mejora temporal y transitoria en un grupo determinado de ciudadanos para asegurar la simpatía al grupo gobernante, a costa de generar desequilibrios financieros a mediano y largo plazo. Esos desequilibrios generan aumento de precios, de las tasas de interés, devaluaciones monetarias y estanflaciones, es decir inflaciones con desempleo.

El común denominador de las medidas populistas es que si bien permiten mantener en el poder a un dictador por más tiempo o ganar elecciones a un candidato en una democracia, acaban por empobrecer a la clase media y generan una mayor brecha entre ricos y pobres.

Al conocerse los resultados reales del populismo, a casi ningún político le gusta que lo califiquen de populista, aunque las medidas que anuncie, en caso de ser candidato, o aplique si es gobernante, sean claramente populistas.

Mientras en casi todo el mundo los gobernantes tratan de salir de las distorsiones y desequilibrios en que los sumieron las políticas populistas, en la ciudad de México, el gobierno local, insiste en comprometer cada día más recursos en las viejas políticas populistas.

Las contradicciones afloran, por un lado se oponen a una reforma hacendaria que permita al gobierno allegarse de más ingresos y por otro lado gastan más dinero.

La experiencia nos ha demostrado que en la medida que se respeten los derechos naturales básicos del ser humano: vida, propiedad y libertad, se faciliten las innovaciones, la competencia, las inversiones y se reduzcan los costos de transacción, habrá progreso, y no con la aplicación de viejas prácticas populistas.


¿ECONOMIA DE DERECHA, IZQUIERDA O NEOLIBERAL?

Uno de los problemas de la economía es que todavía a principios del siglo XXI no se independizan los conocimientos de esa rama del saber de dogmas, creencias y de la política, entendida como la lucha por el poder.

En el siglo XX la física, la medicina y la astronomía ya eran consideradas ciencias con principios universales. Sería ridículo hablar de medicina de derecha, de izquierda o neoliberal; sin embargo, en economía todavía frecuentemente escuchamos esos términos.

Para que un país progrese sus gobernantes deben diferenciar entre los principios de la ciencia económica y las políticas y programas gubernamentales. Un gobierno de un partido determinado puede decidir construir un aeropuerto, un distribuidor vial, darle a un bono a la gente pobre o prestarle dinero a los empresarios para que creen más fuentes del trabajo, pero independientemente de cuál sean sus programas de gobierno y para qué decida usar el dinero de los impuestos, debe tener presente que todo gasto corresponde de un ingreso.

Si gasta más de lo que le ingresa, independientemente de cuál sea el destino del gasto, va a sufrir inflaciones, alzas de tasa de interés, devaluaciones y disminución de los salarios reales.

Cuando un gobierno democrático, dictatorial, de derecha o de izquierda, ignora los principios o leyes naturales de la economía, es seguro que se enfrentará a graves problemas sociales, como ha sucedido en la Argentina, donde han llegado gobiernos de todos los sabores y, sus problemas se agravan en lugar de mejorar, porque aunque hay buenos deseos de los gobernantes y atractivos programas, han ignorado los principios fundamentales de la economía. Esos principios, aunque a corto plazo parece que pueden ignorar sin costo, al final todo gobierno, toda sociedad, que los pasa por alto, tendrá que pagar la factura.


¿VUELVE EL POPULISMO?

Tenemos en Iberoamérica muchos ejemplos del populismo. Evita Perón en Argentina, Alan García en Perú y Carlos Andrés Pérez en Venezuela, que en nombre de los pobres han gastado enormes cantidades de recursos que les han permitido mantener su popularidad, pero que al final condenaron a sus países a crisis inflacionarias y devaluatorias que atrasaron y marginaron por los que decía luchar.

En México vivimos etapas de populismo durante los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo. Las consecuencias fueron enormes déficits presupuestales, que generaron altas inflaciones y devaluaciones, por lo que parecía que ya habíamos enterrado en el pasado al populismo. Sin embargo, la reciente competencia electoral en México, ha revivido la tentación populista. Los operadores más importantes de la campaña del Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, son seguidores de esas obsoletas políticas. En la búsqueda de popularidad y votos para las elecciones presidenciales del 2006, olvidan las más elementales lecciones económicas y regresan a los esquemas de reparto populista de dinero que tanto daño ha causado a las finanzas gubernamentales.


MEXICO ¿OTRO VENEZUELA?

El chavismo prende en Venezuela debido a los pleitos entre los partidos más importantes hasta finales del siglo pasado en ese país. Esos enfrentamientos impidieron reformas que sanearan e hicieran competitiva a la economía venezolana, la que sigue dependiendo mayoritariamente del petróleo.

La gente, cansada de promesas y pleitos, se dejó llevar por un caudillo cuya principal estrategia fue actuar basado en supuestas consultas al pueblo sin importarle el estado de derecho (como en la ciudad de México)

El gasto público aumentó para teóricamente ayudar a los necesitados y reapareció la retórica de pobres contra ricos, lo que espantó la inversión y dividió a la sociedad. La inflación, la salida de capitales y las devaluaciones aparecieron nuevamente en Venezuela.

En la era chavista, a pesar de los altos precios del petróleo, ha disminuido aproximadamente un 30% el producto por habitante de los venezolanos, sin embargo, Chávez todavía cuenta con popularidad entre gente humilde que se ha beneficiado con sus gastos populistas.

Si en América Latina y México no queremos otro Chávez, los verdaderos empresarios y ciudadanos pensantes, debemos denunciar a quienes se oponen a las reformas que permitan rendir mayores dividendos económicos a la población y no condenar a la democracia, pues en su lugar podría entronizarse un régimen populista y demagógico, como en el que tantos enfrentamientos y violencia ha causado en Venezuela.

En México no tenemos la certeza de qué va a pasar a detalle si gana en el 2006 las elecciones presidenciales el candidato del PRD y continúa con su agenda populista.

No se va a acabar México, como no lo acabaron Echeverría ni López Portillo, pero sí son previsibles consecuencias económicas y políticas nefastas, de llegar a la presidencia el mismo grupo que le ha dado popularidad y que ha instrumentado la campaña del Jefe de Gobierno de la Ciudad de México.



(*) El autor es Presidente Honorario del Cisle, A.C.de México (www.cisle.org.mx )

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